¡Hola a todos! Una noche más con vosotros para seguir compartiendo muchas ideas y pasiones. Quiero agradecer a uno de mis queridos lectores, Isidoro. Que me ha dado muchas buenas ideas para este espacio, nuevos puntos de vista y mucha inspiración. Gracias por el feedback, un gusto que puedas tener un momento para leer estas lineas.
Hoy sigo con los 12 Mitos de la Guerra contra el Narco en México. Para los que se perdieron la explicación de este texto la tenéis en
mi post anterior.
Segundo Mito: México esta Colombializado y en peligro de ser un Estado fallido.
Estas afirmaciones se realizan sin usar datos comparativos serios. México sufre una violencia localizada en seis de sus 32 estados y tiene una tasa nacional de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Venezuela tiene 48, Colombia 37, Brasil 25, Guatemala, Honduras y El Salvador están arriba de 50. El estado de Chihuahua, el más violento de México, está en este momento en su punto más álgido con una tasa de 143 homicidios, le siguen Sinaloa con 80, Durango con 49, Baja California 44 y Michoacán 25. A inicios de los noventa Medellín, la ciudad más violenta de Colombia, mantuvo una tasa de 320 durante varios años y, en ese mismo periodo, Cali tenía 124, Cúcuta 105 y Bogotá, la capital, 80. Colombia ha vivido dos guerras en 25 años, las cuales le han costado más de 200 mil muertos y dos millones de desplazados, y continúa en conflicto.
El volumen, extensión, raíces históricas, códigos culturales y complejidad de la violencia colombiana ha sido —y todavía es— muy superior a la que vive México. En Colombia los niveles de penetración que alcanzó el narcotráfico en la política, el ejército, la policía, los negocios y la sociedad fueron mayores a los que existen actualmente en México, donde no se puede hablar de una narcopolítica. Los cárteles y narcoguerrillas colombianas golpearon con actos terroristas a personajes e instituciones de los poderes políticos, económicos y mediáticos vitales del país. En 1989 Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia, fue asesinado por el narcotráfico y tres candidatos más fueron asesinados en ese periodo. El propio presidente, Álvaro Uribe, ha sobrevivido a varios atentados y el vicepresidente, Francisco Santos, estuvo secuestrado por Pablo Escobar. Hechos como éstos no han ocurrido y es muy difícil que ocurran en México, donde no han existido territorios con ausencia de Estado durante 40 años como en Colombia; el Estado mexicano ha sido más bien omnipresente y fuerte y el colombiano ausente y débil.
En Río de Janeiro, Brasil, de enero a junio de 2009 murieron 65 policías en enfrentamientos con criminales y su tasa de homicidios es de 38 por cada 100 mil habitantes; recientemente los narcotraficantes derribaron en combate un helicóptero policial en barrios del norte de la ciudad y murieron 12 policías. En 2006 Sao Paulo sufrió ataques simultáneos a puestos policiales, oficinas de gobierno y puntos de interés económico por parte de las pandillas dedicadas al narcomenudeo.
El Distrito Federal, en contraste, tiene una tasa de sólo cinco homicidios por cada 100 mil habitantes y jamás han ocurrido hechos tan graves como los de las ciudades de Colombia o Brasil. México tiene un problema de seguridad en la periferia de sus centros vitales y Brasil lo tiene, y muy grave, en sus dos principales ciudades: Río Janeiro y Sao Paulo. Sin embargo, Río será sede de los Juegos Olímpicos y no se dice que allí hay una guerra o que Brasil pueda ser un Estado fallido. Si la idea de territorios fuera de control del Estado se empleara mecánicamente para definir Estados fallidos, habría más de una decena de éstos en el continente americano y tendría, incluso, que revisarse cuál sería la condición de algunas zonas de ciudades estadunidenses que albergan a un millón de pandilleros.
México tiene una resonancia mediática y una importancia geopolítica superior a la de Colombia, Venezuela o Brasil, por lo tanto, lo que ocurre en su territorio impacta mucho más sobre la percepción dentro y fuera del país. No es lo mismo Medellín o Río de Janeiro que Ciudad Juárez, la proximidad con Estados Unidos hace una enorme diferencia. Un ejemplo de esto fue la llamada “insurrección o guerrilla zapatista”; si comparamos militar, política y socialmente ese movimiento con las insurgencias armadas de Sur y Centroamérica, el “zapatismo” no podría ser considerado guerrilla y mucho menos insurrección. Sin embargo, logró un gran impacto mediático nacional e internacional con una sola acción armada en 1994.
Estoy de acuerdo en algunos puntos y en otros en total desacuerdo. Primero que nada es muy cierto que existe una violencia localizada en el noroeste del país, pero eso no resta importancia a los demás Estados de la República, el que 6 sean los más violentos no significa que los demás estén exentos de violencia. Solo hay que ver los últimos años la violencia sufrida en el Estado de Guerrero, la continua resistencia Zapatista en el Sur y la inseguridad que se vive en la capital (centro).
En segundo lugar me parece muy poco fiable los datos que se dan del número de homicidios ya que todos sabemos que son completamente erróneos; principalmente por los homicidios que no se registran y aquellos que son ocultados. Se sabe de sobra que existe una gran corrupción en la administración y las fuerzas de seguridad pública que son las que se ocupan de registrar estos homicidios. Un caso claro es la violencia en Ciudad Juarez donde no se sabe cuantas mujeres han sido realmente asesinadas, ya que muchas veces al no encontrar los cadáveres se da por extraviada a la persona y no muerta.
Me parece verdaderamente irónico comparar la delincuencia organizada y cómplice que existe en México con la de otros países donde son mas bien insurrecciones para derrocar al Estado. El narcotráfico en México en ningún momento a querido derrocar a nadie, mata a quien le estorba y sigue adelante, no se preocupa por secuestrar y presionar al Estado, ya que no son un peligro pare ellos. De echo me atrevo a decir que en muchas ocasiones son los propios funcionarios los que son parte de este oscuro negocio. Así que no creo que su próximo objetivo sea el Presidente Calderon, este les tiene mas miedo a los diputados que a los narcotraficantes.
La ciudad de México no tiene un problema de violencia y delincuencia en la periferia, lo tiene en todo su territorio, te pueden asaltar en la del valle, en tlalpan, en satelite o polanco. Es cierto que hay zonas más peligrosas que otras pero el mismo centro es una de las zonas mas conflictivas, así que me parece un completo error lo expuesto en el texto.

Comparar México con Brasil es absurdo es como comparar España con Alemania, son dos culturas completamente diferentes. Primero que nada por vivir en dos regiones distintas del continente Americano, en las cuales existen políticas y formas de existir muy heterogéneas. Es cierto que México al estar tan cerca de Estados Unidos, es un país cuyas noticias se les da un tratamiento digamos especial; mas no considero que insurrecciones como la Zapatista que busca los derechos de indigenas, el respeto del pasado en la zona, así como la utópica independencia de Chiapas, sean un buen ejemplo. Considero que fue un tratamiento de la agenda setting que por diferentes razones dio pie a que se hablara mucho de ese acto. El movimiento tiene bastantes actos y manifestaciones desde hace décadas y solo se conoce lo que se quiere conocer.
Por obvias razones no se habla de los peligros y contras de Río, ya que se esta invirtiendo muchísimo en la zona y lo que les interesa es que se posicione a la ciudad y al país de una forma positiva ante el mundo. Al final de cuentas todo es Marketing e Inversión, los juegos olímpicos y la delincuencia no se ven bien en un mismo briefing.
Se mediatiza lo que se quiere mediatizar (como siempre) y en este aspecto las comparaciones son poco coherentes. La cultura no es la misma, la localización geográfica no es la misma, la influencia de países con mas fuerza capitalista no es la misma y los objetivos de los narcos no son los mismos.
Así que dejemonos de comparaciones y busquemos soluciones en el interior.
Muchas veces nos olvidamos de vernos a nosotros mismos, ya que estamos demasiado pendientes de lo que hacen o dejan de hacer los demás.
Os deseo mucha introspección, una de las grandes medicinas del alma.
Saludos.